lunes, 1 de septiembre de 2008

CENTINELA DEL CAOS

CAPÍTULO I: MERCURIO


“Las verdades contenidas en las doctrinas religiosas aparecen tan deformadas y tan sistemáticamente disfrazadas que la inmensa mayoría de los hombres no pueden reconocerlas como tales. Es lo mismo que cuando contamos a los niños que la cigüeña trae a los recién nacidos.

También les decimos la verdad, disimulándola con un ropaje simbólico, pues sabemos lo que aquella gran ave significa. Pero el niño no lo sabe; se da cuenta de que se le oculta algo, se considera engañado, y ya sabemos que de esta temprana impresión nace, en muchos casos, una general desconfianza contra los mayores y una oposición hostil a ellos. Hemos llegado a la convicción de que es mejor prescindir de estas veladuras simbólicas de la verdad y no negar al niño el conocimiento de las circunstancias reales, en una medida proporcional a su nivel intelectual”

Sigmund Freud. El porvenir de una ilusión (Obras Completas, vol. I)



El Universo es Mental…

Lo había leído desde su juventud en un conocido texto hermético. Pero nadie le dijo que el realizar esta “verdad” le conduciría a un Universo límbico en donde la supuesta realidad y la esquizofrenia empezaban a parecer tan similares, carentes de identidad y definición, más bien pertenecientes a una unidad binaria que escapaba de todo lo que había aprendido a lo largo de su azarosa vida. ¿Era esquizofrénico o el mundo realmente era un manicomio cósmico?

No sabía si era un ser real o un personaje de un cuento de Alejandro Jodorowsky.

No podía entender como era posible tener en una misma persona tanta inteligencia y al mismo tiempo tanta psicopatología. Tenía referentes históricos como Van Gogh y otros, pero… eso no respondía nada. ¿No existió nunca la objetividad ni la ciencia que tanto adoró en su juventud? La existencia con un poco de conciencia simplemente se transformaba en una experiencia aterradora, pero profundamente seductora, no obstante siempre se negó a creer que Dios fuera sadomasoquista, aunque las evidencias apuntaban hacia ello. De todas maneras, Dios también tenía una sombra: Satán.

-“Probablemente”, pensó alguna vez, “Satán es el cuerpo, pero por seguro, es el inconsciente”.
La unificación de todas las polaridades, de todas las contradicciones le orientaban a la paradoja.

Paradoja.

Resultaba una palabra tan simple e inofensiva en apariencia. Pero los conceptos y las definiciones tienen la capacidad de matar. O de dar vida.

Semiótica.

Y, además, la paradoja era una de las claves de lo que estaba obligado a resolver.
No le importaba morir, más bien tenía una visión apacible de la muerte como mecanismo liberador, por lo menos temporalmente (por desgracia) de su prometeica y miserable existencia mental. La magia de los antiguos encantamientos egipcios era simple semiótica.

Hubo un tiempo en que la vida era hasta cierto punto, normal. La alienación paradigmática era más fácil de sobre llevar : voluntad, libertad, libre albedrío, decisión, aptitud, democracia, sociedad de consumo, comunismo, neoliberalismo, religión, etc. La estupidez por supuesto que tiene beneficios. Foucault puso el dedo en la llaga y nadie, por lo menos en su país, dijo nada. Ni se inmutaron en la Universidad de San Carlos cuando intentó comunicar sus hallazgos en la Escuela de Filosofía de Humanidades ni en la Escuela de Psicología.

Ostracismo.

La corona de espinas de aquellos que se atreven a ver directamente a la Moira. La visión de la Medusa no le paralizó el corazón ni lo convirtió en piedra. Sólo le destapó los ojos para que viera que los demás tenían paralizado el corazón y eran estatuas de piedra que hablaban idioteces, tal como las estatuas de las fábulas de Augusto Monterroso, que tanto le habían gustado.

¿Había sentido? En él no. Sólo una sensación de sentido. También los amputados sienten que aún tienen sus piernas y hasta les duele. ¿Es válida la extrapolación? ¿Cuáles son los parámetros para validar la extrapolación? Esa sensación no podía ser tomada seriamente en cuenta. Pero, el proceso de individuación sin embargo…
¿Habría metasentido? No soportaba fácilmente la incertidumbre existencial. Total, a Heisemberg y a los físicos modernos también les había pasado.

Una vez le preguntó a su supervisor de práctica psicológica sobre la esencia del sentido, dado que se acostumbraba a hablar de logo terapia. El supervisor simplemente le preguntó a la deliciosa licenciada que fungía como directora del centro de práctica:

-Mire usté… ¿Qué significa sentido?

Todo fue un “happening”. Ni mierda de respuesta.
Sentido significa significado. ¿Cuál es el sentido del sentido? ¿El significado de significado? Anhelaba textos accesibles de semiótica como el náufrago que anhela desesperadamente el sexo de una mujer. Hambre de información y sed de significado. Pero la información era muy cara a finales del siglo XX,. Tal vez siempre lo fue. Además, no siempre podía almorzar.

Tantas preguntas sin respuesta. ¿Habría habido alguien con tanta claridad confusa? ¿Será este el sufrimiento de los filósofos, del Quirón inmortal, pero herido por el veneno de la Hidra de Lerna, extremadamente mortal? El sanador eternamente herido. ¡Cuán grandes y refrescantes eran para él las palabras de Sócrates: “Solo sé que no sé nada!”. ¿Qué más se puede expresar frente al Tao?

Solamente su esquizofrenia le traía consuelo. Afortunadamente, sus visiones eran benignas. Einstein, con su beatífica presencia le susurraba al oído a veces: “ Cuando al calcular veo un insecto diminuto que ha volado a mi papel, siento algo así como: Alá es grande, y nosotros somos misérrimas gotas de agua con toda nuestra magnificencia científica”. No le gustaba contar a nadie sobre sus visiones. Ya lo habían llamado loco demasiadas veces.

Un insecto.

Esa experiencia fue… ¿íntima? También un insecto había llegado una noche solitaria, cuando estaba sentado en la puerta de calle de su cuarto, cumpliendo fielmente su labor de centinela desde las 10 de la noche, hora en que cerraban las tiendas cerca de su casa y al fin había silencio, oscuridad y soledad! No era tan malo ser monje, siempre y cuando no se tuvieran deseos sexuales.

Dados sus conocimientos en psicoanálisis, siempre se preocupó por la abstinencia sexual de aquel monje nepalés que conoció. Pero ese monje gozaba en abundancia de lo que a él le costaba tanto conseguir: el aislamiento. Tenía que pagarlo con las secreciones de la poca hormona del crecimiento que secretaba su neurohipófisis desde antes de la media noche hasta la una de la madrugada. Sabía que eso lo envejecía más rápido aún y no estaba acostumbrado a vidas tan cortas como las humanas. ¿Estaría delirando otra vez?

El desvelo le hacía daño, pero podía observar sin que nadie, aparentemente lo observara. Tan deliciosa era la sensación de “objetividad” que pagaba el precio por ella. Podía observar. Observó que un insecto se dirigía volando hacia él. Pensó inmediatamente que era una cucaracha. Al prendérsele en el pecho vio que era una esperanza verde.

Pensó atraparla y llevarla al jardín de la casa vecina. Ciertos insectos le causaban emociones profundas: era profundamente aracnofóbico, pero los zompopos de mayo le producían muchísima tristeza, las moscas le causaban ira, tal vez por asociarlas al existencialismo sartreano, las cucarachas le disgustaban y gustaba de torturarlas con agua hirviendo tal como lo hacía con los hormigueros después de haberles servido sádicamente una buena ración de moscas aún vivas para ver como eran despedazadas mientras morían lentamente por los mordiscos de los himenópteros.

También le fascinaba ver la termo resistencia de los caparazones de los huevos de cucaracha. El olor, aunque despreciable, de alguna manera lo asociaba con la marihuana. El insecto saltó hacia su lado izquierdo sobre la banqueta en dirección a él como si lo observara. Romántico como era (por lo menos una de sus partes), lo dejó allí. ¿Significaría el hecho? ¿Sería genuino significarlo? ¿O sería una cursilería? ¿Sería un asunto de derecho humano significar ese acto?

Un insecto verde, color de la esperanza y que, coincidentemente se le llamaba esperanza en castellano a ese insecto, se le fuera a posar en medio del pecho a la media noche… ¿Por qué no fue una cucaracha? ¿Por qué no se le paró en otro lugar? Desde entonces mantiene en su habitación una esperanza de plástico que compró en las tiendas de piñatas de la 8ª. Calle y 10ª. Avenida.

A veces se obsesionaba preguntándose qué era él. El problema no era “quién”. Eso lo sabía dado que los parámetros de los homínido que le rodeaban eran demasiado sencillos: “rol social, familiar, psicopatología, profesión, rol sexual, etc”. Fue tan decepcionante cuando descubrió que los europeos eran tan ignorantes como los latinos, que los sacerdotes mayas no tenían respuestas sino más bien agendas políticas y económicas a la par de psicopatologías tan comunes, y los budistas guatemaltecos tampoco podían responder sus preguntas.

Sólo aquel monje…

Pero ese monje, el lama Gueshe Sherab, no fue alucinación.

Jodorowsky tenía mucha relación con temas de lamas, por lo que seguía sospechando en secreto si el solipsismo de Berkley y Unamuno le habrían jugado una broma cósmica y que solo tuviera existencia como personaje literario. Por si acaso, a veces maltrataba mentalmente al Escritor Cósmico, por haber escrito un guión tan difícil de sobrellevar.

Los así llamados filósofos, ya sea de las universidades o de sectas “new age” eran decepcionantes, no cumplían con las exigencias de Eion. Estirados, superficiales y académicamente mediocres. Pero no tan patéticos como los psicólogos que se las llevan de psicoterapeutas o de muy científicos. Esos sí que daban coraje. Tenía la mente de un psicólogo, pero se dedicó más a sus propias investigaciones.

Además de loco, habían algunos despistados que le habían llamado genio, aunque él sabía que no era un genio, solo que era brillante. Sabía que tenía un tipo de sobredotación pero no sabía que hacer con ella. Como no había sentido, ¿Qué sentido tendría usar la sobredotación aparte de encontrar el metasentido?

Le pareció interesante usar la sobredotación para estudiar en secreto parapsicología militar de la época de la guerra fría. Consiguió textos y bajó información de Internet. Lo aplicó y efectivamente encontró que eso que llamaban “psicotrónica”, funcionaba. Rápidamente le perdió el interés aunque definitivamente la incorporó a su mente como quién carga un programa en una PC.

Si quería, podía hacer que cualquier mujer u hombre se acostara con él, o fabricar una secta y que le adoraran (en Guatemala eso es tan fácil que no necesitaba la sobredotación, solo política). Pensó que simplemente rejuvenecer su muy deteriorado cuerpo podría resultar útil para intentar sobrepasar los 10 años que le quedaban de vida biológica. Necesitaba más tiempo para investigar, para encontrar las respuestas. No podía morir así, no aún. Bueno, de cualquier forma, no era la primera ni última vez que moría (“que bueno hubiera sido!”) ni la primera ni ultima vez que vivía. Ya estaba harto y cansado de vivir, por eso entendía el tedio infinito de aquellos inmortales de Borges, en “El Aleph”.

-Encontré el Aleph, y a nadie le interesa- pensaba.

Esa soledad era extraña. ¿Qué chingados era entonces el ser humano sino un estúpido animal? Bueno, de cualquier forma, también Michelle de Montaigne el Señor de Eyquem ya lo había dicho: “El ser humano es un ser vano, veleidoso y maravilloso del cual es difícil dar una opinión”.

Los animales, la matemática, la astrología y la fisiología eran definitivamente más interesantes. Los seres humanos sólo son autómatas cíclicos. ¿Era el hombre una pasión inútil? ¿Útil o inútil en función de qué o quién?
Bertrand Russell tenía razón en el sentido que el lenguaje era un profundo problema.

Utilidad, significado, esquizofrenia…

Ya a los 13 años le tocó leer “Juan Salvador Gaviota” en el Don Bosco, donde hizo sus estudios básicos. Intuía que esa historia le señalaba. Y en especial el desprecio y exilio de la bandada de gaviotas comunes y corrientes. Cuanto asco le daba ese discurso izquierdista falso de supuesta representación democrática. Nunca había votado desde que aún siendo menor, escuchaba los discursos del mentiroso de moda. Sufría en los pasillos de las librerías de la ciudad viendo los títulos y comprobando que estaban completamente fuera de su alcance a no ser que ahorrara y con mucha dificultad podía comprar un libro cada 4 ó 5 meses. Detestaba que estuvieran sellados porque ni siquiera los podía hojear. Y después la “democracia” le subió los precios a los libros.

Democracia…

Eion estudio un tiempo en varias sectas. A los 18 años estaba en una, con pinceladas de cultura y filosofía, aprendió que para Platón era la democracia el peor de los mejores y el mejor de los peores gobiernos. El problema entonces era: ¿quiénes son los aristócratas? Según la secta, tenían que ser los filósofos. Pero si los filósofos eran iguales a los miembros de la secta, estábamos fritos. Discurso, fantasía, evasión, mecanismos de defensa, superficialidad, búsqueda de poder, etc.

Otra de las razones aparte de la hipocresía y la estupidez de la izquierda política era que su padre siempre se había pronunciado como izquierdista, siendo un burgués psicológicamente enfermo. Su padre mantenía en su casa libros sobre marxismo, leninismo y otras lecturas prohibidas en la década de los 80.

Encontraba asqueante el hecho que un izquierdista reaccionara igual que un fanático religioso cuando le tocaba defender su postura. Sin inteligencia. Su padre fue un monstruo para él en la infancia. Violento, sarcástico, insensible, cruel y despreciativo. La asociación con la izquierda y su padre fue exacta: las dos cosas eran un fraude.

La incongruencia era insoportable. La contradicción interna a la que estaba condenado era millones de veces más comprensible y tolerable que las actitudes de aquellos que conoció y que se llamaron “izquierdistas”, “socialistas”, etc. Cuantas veces no escucho críticas a la sociedad de consumo por aquellos que cuando pudieron, se lanzaron al consumo como desesperados alcohólicos sobre un poco de licor. Nunca votó en elecciones de ningún tipo, ni siquiera cuando estuvo en la universidad, era obvio que todo era un gran teatro igual que el futbol.

Otro de los dilemas de Eion era su actitud hacia los ricos. De adolescente, soñaba con vivir en la carretera al Salvador, la zona residencial más “caquera” de la ciudad. Soñaba con fines de semana en la playa, eventuales almuerzos en hoteles y compañía femenina que lo hicieran sentir VIP.

Al pasar los años, se dio cuenta que era muy difícil desarrollar el nivel económico para entrar en la categoría de clase media alta. También descubrió que las actitudes y la conciencia de las personas variaba dependiendo de su ubicación dentro de la escala socio económica. La misma frialdad, ceguera y ambición cruda que experimentó dentro de su familia de clase media eran las constantes de las clases superiores.

Era obvio que el rico nunca entendería al pobre y viceversa. Los que tienen no entienden a los que no tienen porque la subjetividad que no es auto examinada por la conciencia impide tener contacto con la realidad (¿realidad?). La maldita expansión semiótica de la existencia condicionada. Cuando vio la película “Las estrellas de la línea” le dolió tanto la exclusión y el rechazo social manifestado en el largometraje y decidió vehementemente declararle la guerra a los prejuicios más arraigados dentro de él, de los cuales, el prejuicio sobre los prejuiciosos lo introducía en una paradoja moral y en una franca proyección psicoanalítica. Para luchar contra el inmenso dolor que permeaba el universo debido a la ignorancia, la incomprensión y la exclusión, debía expulsarlo definitivamente de sí. Intentaba desesperadamente comprender a las clases superiores y la forma en que lo hacía era a través de la comparación. Sentado en el inodoro, con un pito de marihuana en el cenicero, en ese enorme lapso entre la defecación y el acto de limpiarse el trasero y con los pies subidos en una sillita de madera para facilitar la evacuación, se quedaba absorto pensando:

-Bueno, existen varias formas de riqueza que dan poder, el atractivo físico, el poder económico y la inteligencia y de todo esto, mmm... de físico no estoy tan mal, sabroso en cada toque hasta el falso nirvana... pero demasiado serio y varonil... me hubiera gustado tener el rostro más aniñado, tampoco soy un Harrison Ford.. mmm... puta! ahora que me acuerdo va a filmar otra lica y ya esta viejo y es el traidito, mmm hora de revisar los libros de brujería y sacar la carta natal para el estreno en guatúpida, tengo que sacar ventaja de esto, si sale con una güira ya me rayé, las chicas que no tuvieron padre son sumisas.... pero ya no quiero hacerla de papá... tengo todo el luck de “Dr. Jones”,... es bueno ser un camaleón.... jajajá... hasta en la cama... tanta marihuana sabrosa me permite explorar mi lado femenino, jajajá ¿serán banalidades de drogadicto?, mi capital es la sobre dotación intelectual por lo que puedo deducir que mi subjetividad generalmente impide comprender la poca o escasa capacidad racional de mis semejantes. Me impaciento con los demás porque me parecen estúpidos, pero en realidad no son estúpidos ni retrasados mentales sino que ellos son la media y yo estoy acercándome a uno de los extremos de la curva de Gauss. Qué asco esa tortillera que me cogí, pufff... esta mota esta sabrosa... que asco de morbo Rasputincito... bueno, regresemos a la cordura, el potente pensamiento lógico me mantiene en equilibrio en este mundo de limbo de mierda humana... veamos, veamos... concentración... una persona bella físicamente hablando, nunca va a entender la experiencia de una persona sin atractivo físico así como una persona atlética de configuración iridológica clase 1 no puede comprender la falta de fuerza física de los demás porque asume que todos tienen el mismo potencial... mmm... esto tiene un nombre en la gestalt, mmm... confluencia, eso es... la función del yo se disuelve porque no funcionan los registros de límites entre el yo y el exterior, el yo se extiende más allá de la propia identidad, pero en forma de ego y no como un buda que en lugar de extender al infinito su ego, extiende su consciencia... mmm... auto percepción del sí mismo como divinidad inconsciente... claro, por eso los ricos, los inteligentes y las personas atractivas son niños que se siguen sintiendo dioses. Por tanto, yo tengo un complejo “Hermes-Mercurio” dada mis fantasías de omnisciencia. Bueno, comprender al pobre se me hace fácil, al feo, al excluido. Pero al rico, al vanidoso y al arrogante, puta, eso sí que es trabajo espiritual.

Sabía también que así como era difícil pedirle a un rico compresión para un pobre, el pobre nunca podría entender las actitudes irracionales del rico ¿como entendería un pobre muerto de hambre la estupidez de una enfermedad de patojas bonitas que se dejan morir de hambre? Se reía y a veces se enfadaba cuando le daban explicaciones absurdas sobre la anorexia, principalmente aquella de la reencarnación de almas que habían estado en campos de concentración nazis en la segunda guerra mundial. Pero también sabía que era una forma de tratar de significar (logo terapia) algo doloroso para hacerlo más llevadero. Si tan sólo supieran que una buena terapia de marihuana bien administrada con Florales de Bach, músico terapia, y un buen operador psicotrónico tipo Stone, liberaría el material reprimido para realizar la transferencia, y además favorecía el apetito. Pero muchos padres preferirían ver morir a sus hijas a que se convirtieran en hippies marihuaneras.

Reconoció en algún momento que también sus expectativas infantiles de redención le había hecho pensar que existía una proporcionalidad directa entre la riqueza material y el intelecto. Fue muy duro descubrir que la mayoría ricos lo único que sabían era hacer dinero, lo que leían en revistas y libros de moda y lo que recordaban de cultura general de su costosa educación primaria y media. Pero, por supuesto, existían nobilísimas excepciones, pero Eion no los conocía.

El conocimiento no era todo para él. También deseaba respeto, pero creía que esto era algo que el destino le había negado gratuitamente, tendría que ganárselo. El único sentido de su miserable existencia de enfermo mental y desadaptado, era el reconocimiento de su inteligencia. Le había dolido muchísimo aquella película de los setentas, de un grupo de desadaptados en un campamento de verano, unos muchachos perdedores en la vida que intentaron liberar a unos bisontes condenados a ser dianas de tiro al blanco. Se identificó con el chico que murió en la película. El conocimiento es poder, pero el poder es perdición. Era otra de las paradojas irresolubles en su vida y por ello no le gustaba mucho salir de su encierro, excepto cuando ya no había mucha gente en la calle, de noche o en horas de poco tráfico.

Soledad, oscuridad y silencio = ying

Compañia, luz y sonidos = yang

Eion estaba en su lúgubre habitación viendo su destartalado televisor de diez años de antigüedad. Sólo podía ver canales nacionales porque no tenía dinero para pagar el servicio de televisión por cable. Usaba el televisor como somnífero, pero le preocupaba que tanta estupidez pudiera entrar subliminalmente en su pre-consciente.

Poco a poco cerró los ojos. El sonido del televisor se alejaba poco a poco e interactuaba junto con las imágenes de sus sueños que poco a poco tomaban el control de la atención de Eion.

Empezó a soñar.
Soñaba con la Omnisciencia, con convertirse en un Buddha para saberlo todo.
¿Ocupar el trono de Dios?

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